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sábado, 21 de mayo de 2011

El perro merece comodidad


Primero asígnale un lugar a tu perro. Puede ser dentro o fuera de la casa, sólo fíjate que en él se pueda resguardar del sol, la lluvia y el frío. Si va a vivir dentro de la casa, escoge un espacio especial para colocar su cama. Tu perro debe tener su propio espacio.
Mantén siempre limpio el lugar donde habita tu perro, además de seco y ventilado, para que no guarde humedad, calor ni malos olores. Es lo mejor para el perro y para ti.
Nunca uses desinfectantes comunes en el hogar, como cloro, limpiadores para pisos, para vidrios, etcétera. Puedes usar detergente, pero debes enjuagar muy bien la casa para no dejar residuos, porque ocasionan alteraciones en la piel de los animales, las cuales pueden llegar a ser graves.
Tampoco utilices insecticidas, a menos que tu perro no esté en contacto con estos productos. En todo caso, después de la aplicación ventila perfectamente el área por lo menos cuatro o cinco horas antes de que tu mascota esté en el lugar. Los insecticidas le causan intoxicaciones severas y hasta la muerte.
Jamás dejes venenos o productos para exterminar fauna nociva, como venenos para ratas, cucarachas, alacranes, etcétera, al alcance de tu perro, porque estos productos pueden matarlo en pocas horas si no los atiende inmediatamente el veterinario.

Los juguetes

Los huesos de carnaza son ideales, porque además de servir como juguetes, son efectivos para limpiar los dientes y fortalecerlos. Son especialmente útiles cuando los cachorros destruyen las cosas del hogar. Te conviene comprar al menos uno a tu perro.
         
Las pelotas deben ser proporcionales al tamaño de tu perro. Nunca deben ser pequeñas porque tu mascota puede tragárselas y causarle diversos trastornos o hasta la muerte por obstrucción. Tampoco deben ser de esponja ni plástico flexible –pelotas inflables–, pues al morderlas es fácil que tu perro trague fragmentos del material, y con el tiempo tenga trastornos intestinales severos.
          

La camita

El rincón de reposo de los animales domésticos de compañía debe reunir una serie de características especiales, de forma que el descanso cumpla la doble función fisiológica y psicológica que el animal necesita. Es evidente que un perro puede dormir en cualquier lugar, y desgraciadamente en muchas ocasiones los animalitos ni siquiera disponen de una mínima protección a cubierto de las inclemencias climáticas donde descansar tranquilos.
        
        

Independientemente de la raza y el hábitat en que se desenvuelva la actividad de nuestro perro: departamento de ciudad, jardín o casa de campo, debe asignársele un lugar fijo, tranquilo, protegido y aislado, que constituye su más íntimo refugio.
En este rincón deberá situarse la cama, cuna, colchoneta o alfombra lavable que le sirva de lecho. Cuna, moisés o colchoneta.
      
    

Generalmente nuestro perro comienza a formar parte de la vida familiar cuando todavía es un gracioso, desvalido y pequeño cachorro de uno o dos meses de edad. Su tamaño y la ternura que despierta suelen ser causas de frecuentes errores de cálculo, nada graves por otra parte, ya que sólo inciden en algunos despilfarros económicos innecesarios.
      
    

Es necesario prever anticipadamente cuál será el alojamiento definitivo de nuestro irracional amigo y desde luego, el tamaño aproximado que alcanzará al llegar a la edad adulta. No es igual, lógicamente, alojar provisionalmente un cachorro de San Bernardo o de Pastor Alemán.
La mayoría de los perros cohabitan con sus amos en el interior de la vivienda y se les asigna un lugar para el descanso.

                 
    La cesta, cuna, cama o colchoneta serán elegidas en función del tamaño definitivo del animalito, los perros de pequeño tamaño, considerados de compañía, prefieren las primeras, mientras que los terriers, razas de caza, lebreles y razas de guardería, defensa y utilidad prefieren la cama y colchoneta, como las representadas en la imagen. Siempre que en la habitación elegida para que el perro duerma no haga un frío excesivo o existan humedades antihigiénicas, es suficiente proporcionar al animal una alfombra, suficientemente amplio de un tapiz viejo o desechado, fácilmente lavable. El emplazamiento de la cama, cuna o colchoneta será fijado desde el primer día y no es conveniente cambiar frecuentemente este lugar, que el ani mal considerará como su dormitorio.
            
          

Cuando el perro, generalmente cachorro, lleqa a casa, se altera la vida familiar, todo son visitas, mimos y cuidados para el nuevo huésped que, sin embargo, suele estar desconcertado, triste y acobardado por haber sido separado de su madre y hermanos, del ambiente al que estaba habituado desde su nacimiento. Mientras que se encuentra rodeado de sus nuevos amos el perro no demostrará su miedo o su pena, lo más probable es que al dejarlo sólo por la noche, en el rincón asignado, no quiera quedarse en él y pretenda dormir junto a sus dueños. Es imprescindible no ceder por bondad o compasión a este primer capricho del animalito, pues si posteriormente queremos alejarlo de nuestro dormitorio su psicología primaria no comprenderá más que un rechazo injustificado por parte de los seres a los que adora, sus amos.
             
            

La limpieza de la cama: las colchonetas, cestas o alfombras deben ser fácilmente lavables, para estar en perfectas condiciones higiénicas. Al mismo tiempo, no son recomendables los modelos con hendiduras o rincones difícilmente accesibles, que pueden convertirse en nidos de suciedad o refugios de parásitos externos.

El collar

Uno de los implementos, casi obligados, del entorno del perro como animal doméstico, es el collar. Su utilización se remonta a las primitivas civilizaciones que adornaron a los canes con este artículo por un sentimiento de propiedad que caracterizaba de forma inequívoca al perro de cada dueño, y por una función meramente práctica que permitía la sujeción cómoda de] ejemplar impidiéndole atacar a un extraño no hostil o a un animal doméstico.
Se especula con diversas teorías sobre la función primitiva del collar que, bien fuera funcional o distintivo de una propiedad, revistió a lo largo de la historia del hombre y del perro un desarrollo paralelo a la selección y registro de distintas razas caninas.
            

Collares de defensa: los perros pastores, mastines, y otras razas de guardería y defensa, suelen adornarlos con collares anchos de cuero bien curtido y guarnecido con púas metálicas.
La anchura del collar suele ser bastante grande para proteger la zona más vulnerable del animal, la garganta, con vista a una defensa a la eventual pelea que pudiera sostener el perro contra lobos u otros animales salvajes.
En ejemplares de carácter agresivo y pendenciero se emplean collares collares reversibles de defensa o "castigo" aptos para proteger al animal de otros congéneres poco tolerantes y permiten a su paseador no ser "arrastrado" por el fogoso can, ya que dando la vuelta al implemento oprimen la garganta del perro impidiendo los tirones clásicos.
      

Collares de identificación: Suelen consistir en tiras de cuero con una hebilla de acero que se ajustan de forma firme pero holgada al cuello del animal.
Llevan una chapa metálica donde se graba el nombre del perro y teléfono del propietario, que permiten una rápida identificación en caso de extravío o accidente. También suelen tener una argolla o anilla que, permite sujetarlo a una cadena o correa.
     

Collares antiparasitarios: Consisten fundamentalmente en tiras de material plástico o goma, poroso, impregnado con una sustancia insecticida volátil que se expande alrededor del cuerpo del animal, matando a las pulgas y garrapatas que ya tiene el animal y formando un halo protector cada vez que se mueve el animal, impidiendo la aproximacion de pulgas, garrapatas y otros parásitos externos.
         

Collares metálicos de ahorque: Especialmente aptos para ejemplares de razas de defensa de pelo corto: boxer, doberman, gran danés, etc. Constan de eslabones redondeados y una chapa en la que pueden grabarse los datos de identificación indispensables. Sujetos a la cadena se acortan, sobre el cuello del perro, ejerciendo presión proporcional al tirón del animal, permitiendo así un adiestramiento obligado en la faceta del paseo con correa. Son también insustituibles para ejemplares de piel sensible, que puedan padecer algún tipo de irritación dérmica o alopecia debida a la utilización de los clásicos collares de cuero o de nylon.
      

Collares de aviso: Se emplean con cascabeles o campanitas, que señalan inequívocamente la presencia del animalito. Muy útiles para razas de pequeño tamaño: pinscher enano, chihuahua, terrier miniatura, etc., que permite la localización auditiva evitando pisotones de consecuencias imprevisibles, para estas razas miniatura.
Asimismo, sirven para dificultar la eficacia predatoria de perros "cazadores" que puedan estar libres en un jardín advirtiendo a sus presas eventuales:pájaros, ardillas, conejos, etc, que huyen al percibir el "cascabeleo".

La correa

El uso de una correa que permita sujetar al perro, sobre todo en las razas de defensa, viene de épocas muy antiguas, como medida de seguridad que hacía posible controlar a los celosos guardianes, protegiendo a familiares, amigos, personas no hostiles o animales inofensivos, la evolución en las relaciones entre los seres humanos y las diferentes razas caninas ha sublimado y potenciado el uso de este complemento, de forma que, hoy día, es una prolongación del brazo y la voluntad del hombre sobre su más fiel amigo.
                    

En muchos países las correspondientes ordenanzas municipales exigen que los perros caminen siempre con la correa y gobernada por sus cuidadores o propietarios. Estas normas son válidas para las áreas públicas o urbanas incluyendo parques y jardines comunes. Por una parte se intentan evitar accidentes, molestias y altercados entre perros belicosos, así como posibles agresiones a personas y objetos; también facilitan el gobierno de los animales que casi pueden "sentir", si están bien adiestrados, las órdenes de su amo por los leves movimientos de la correa de sujeción.
           

Tipos de correas: La multiplicidad de modelos comercializados o "caseros" de este implemento son casi infinitos. Desde la clásica correa de cuero liso o trenzado, acorde con el buen gusto y las posibilidades económicas de cada propietario, hasta las "cintas de concurso" sencillas, planas y de diversos colores, existen modelos para todos los gustos y que se adecuan a funciones específicas o generales.
                                          
Las correas de adiestramiento o mixtas de educación y paseo construidas con eslabones de acero inoxidable de diferente grosor y resistencia, según los ejemplares a que sean destinadas, son tal vez las más populares y versátiles en el ambiente cinofílico.

                                    
Suelen estar completadas con un collar "de ahorque" de mismo material, construido por eslabones lisos, que se deslizen bien, terminados en dos anillas de diferentes diámetros de forma que, haciendo pasar la menor por la mayor, se forma un collar que, sujeto a la cadena, se "cierra" sobre el cuello del perro cuando éste, por fogosidad o desobediencia propina un "tirón" brusco.

                                 
La correa "extensible", de uso común y comercialización a gran escala, relativamente recientes, permite "soltar" varios metros de su longitud, dejando al animalito gozar de una relativa autonomía, para elegir los lugares más idóneos donde efectuar sus necesidades fisiológicas; para acortar la distancia, se ejerce una ligera presión sobre un mecanismo en la empuñadura que va "recogiendo" la cinta sin permitir que los centímetros recuperables en el pequeño aparato, pueden soltarse si no es por la expresa voluntad del dueño.
                                           
La cinta de grupo permite sujetar, en un solo puño y con una sola correa, varios ejemplares simultáneamente, la más práctica y sencilla consiste en una cadena, generalmente de acero inoxidable, cuyo principio y final se unen en el pasador de muñeca mediante un mosquetón especial que puede "soltarse" con una ligera presión del dedo. Los ejemplares así trabados llevan una pequeña cadena desde el collar hasta una anilla que abarca la correa común. Al "tirar" los perros y accionar el mecanismo, se libera un extremo de la cadena que resbala dejando libres a los canes.
                                               
Las cintas de concurso, generalmente débiles, realzan la belleza de los canes, no interfiriendo en la observación de sus perfectas proporciones. En la mayoría de las exposiciones, los ejemplares más peligrosos o agresivos son autorizados a "pasear", con correas, mucho más sólidas.